Serge Gruzinski tenía 20 años cuando llegó por primera vez a México, sin hablar español y con la intención inicial de viajar a Brasil. Décadas después, el historiador francés considera que ese viaje fue decisivo para definir su trayectoria académica y personal: México se convirtió en el espejo desde el cual buscó entender lo que significa ser europeo.
En entrevista, el investigador emérito del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) habló sobre su nuevo libro, Cuando los indios hablaban latín. Colonización alfabética y mestizaje en la América del siglo XVI, publicado en México por el Fondo de Cultura Económica. La obra analiza la manera en que la escritura alfabética, el latín, los libros y la imprenta modificaron las formas de comunicación y pensamiento en las sociedades indígenas.
La escritura como instrumento de poder
Gruzinski encuentra un vínculo entre la revolución alfabética del siglo XVI y la transformación digital contemporánea. Aunque las tecnologías son distintas, sostiene que ambas permiten registrar la memoria, las tierras, los bienes, las historias y los recursos de las personas.
Desde su perspectiva, la escritura alfabética fue una herramienta central para organizar y administrar la sociedad colonial. También permitió construir relatos sobre la conquista y legitimar acciones políticas, como ocurrió con las Cartas de relación de Hernán Cortés, que presentaron ante Europa una versión específica de los acontecimientos en Mesoamérica.
El historiador subraya que el acceso a ese poder estaba limitado por la disponibilidad de papel, tinta y educación. En el siglo XVI, saber escribir y leer significaba también tener la posibilidad de participar en los sistemas legales, religiosos y administrativos impuestos por la sociedad colonial.
El latín y las élites indígenas
Para Gruzinski, el latín desempeñó un papel ambiguo en la Nueva España. Por un lado, permitió a las élites indígenas acercarse al cristianismo, al humanismo y a los círculos intelectuales del Renacimiento; por otro, las integró en la estructura colonial y en los códigos jurídicos de los vencedores.
El conocimiento de esa lengua también ofreció herramientas para defender derechos, familias y comunidades dentro de la maquinaria administrativa. Los jóvenes indígenas formados en colegios religiosos podían comunicarse con el clero, interpretar leyes y participar en espacios que antes estaban reservados a los europeos.
La Psalmodia christiana como espacio de mestizaje
Uno de los ejemplos centrales del libro es la Psalmodia christiana, una obra de aproximadamente 500 páginas escrita en náhuatl durante el siglo XVI. El texto reúne la imprenta, la alfabetización de una lengua indígena y la interpretación de contenidos cristianos por parte de intelectuales nahuas.
Gruzinski destaca que los cantos dedicados a los santos empleaban referencias propias de la cultura militar nahua. El término tiacauh, asociado con el guerrero que capturaba enemigos, servía para explicar a las comunidades indígenas la figura del santo cristiano. La obra muestra así cómo la evangelización también produjo traducciones, adaptaciones y lecturas indígenas.
El historiador considera que esas élites indígenas deben ser entendidas como intelectuales, pues podían desenvolverse entre el español, las lenguas originarias, el latín y los sistemas culturales europeo e indígena. Buena parte del conocimiento disponible sobre las sociedades prehispánicas quedó registrado mediante su participación.
Un vínculo construido a través del viaje
El primer viaje de Gruzinski a México ocurrió en la década de 1970, cuando buscaba una alternativa más accesible para conocer América del Sur. Después de trasladarse por distintas ciudades hasta llegar a la Ciudad de México, quedó fascinado por los paisajes, los monumentos, la historia y la convivencia entre tradición y modernidad.
Su experiencia lo llevó a vivir varios años en el país y a dedicar su investigación a la conquista, el mestizaje y la globalización. También estableció vínculos intelectuales con historiadores como Enrique Florescano, Alfredo López Austin y Solange Alberro, a quienes reconoció como figuras decisivas en su comprensión del pasado mexicano.
Gruzinski regresará a México en octubre de 2026 para presentar su obra y participar en actividades académicas. Su visita coincide con la publicación de nuevos trabajos en español y con la continuidad de una reflexión que ha desarrollado durante más de cinco décadas: estudiar México para comprender tanto la historia de América como la identidad europea.

