La supercomputadora Coatlicue, proyecto mexicano con una capacidad teórica anunciada de 314 petaflops y una inversión pública de 6 mil millones de pesos, enfrentará uno de sus principales desafíos en la gestión del calor generado por sus componentes. El sistema tendrá un consumo eléctrico inicial estimado en 12.5 megavatios y contará con infraestructura preparada para crecer hasta casi 25 megavatios.
En una instalación de este tamaño, prácticamente toda la electricidad utilizada termina convertida en calor. Por ello, el diseño de la refrigeración será tan importante como la capacidad de procesamiento: una falla o un dimensionamiento insuficiente podría afectar la continuidad operativa, elevar los costos y comprometer la vida útil de los equipos.
El consumo de agua, una referencia internacional
La experiencia de MareNostrum 5, la supercomputadora instalada en Barcelona con la que Coatlicue comparte una capacidad máxima teórica de 314 petaflops, permite dimensionar el problema. Ese sistema utiliza refrigeración líquida y torres de enfriamiento capaces de disipar grandes cantidades de calor, aunque parte del agua se evapora durante el proceso.
Durante marzo de 2025, MareNostrum 5 registró un consumo de 7 mil 683 metros cúbicos de agua, equivalentes a un promedio de 248 metros cúbicos diarios. La comparación no implica que Coatlicue vaya a tener exactamente el mismo gasto, pero ofrece una referencia sobre las necesidades hídricas de una instalación con una escala de procesamiento semejante.
El desafío adquiere una dimensión adicional en la alcaldía Gustavo A. Madero, donde existen zonas con problemas recurrentes de abastecimiento de agua. En ese contexto, recurrir a un sistema convencional basado en torres de enfriamiento requeriría una planeación cuidadosa para evitar presiones adicionales sobre el suministro local.
La alternativa geotérmica y sus dificultades
La propuesta anunciada para Coatlicue contempla una refrigeración geotérmica de circuito cerrado. La idea consiste en hacer circular agua por tuberías subterráneas para transferir el calor al subsuelo y devolver el líquido al sistema, con el objetivo de reducir el consumo de agua por evaporación.
Sin embargo, disipar 12.5 megavatios de manera continua representa una exigencia considerable. Con una capacidad de absorción preliminar de entre 30 y 50 watts por metro de perforación, una estimación básica apuntaría a un sistema con muchos kilómetros de tuberías, además de estudios detallados sobre las características térmicas e hidráulicas del terreno.
Existen precedentes internacionales de refrigeración geotérmica en centros de datos, pero sus condiciones de operación son distintas. Algunos sistemas funcionan solo durante parte del año, se complementan con otros mecanismos o trabajan con cargas inferiores a la prevista para Coatlicue.
La zona donde se proyecta la infraestructura también presenta riesgos documentados de subsidencia y agrietamiento. Por eso, antes de la construcción sería necesario demostrar mediante estudios hidrogeológicos, geotécnicos y simulaciones térmicas de largo plazo que el subsuelo puede absorber la carga de calor sin perder eficiencia ni aumentar los riesgos para las instalaciones y las comunidades cercanas.
Planeación antes que correcciones costosas
La capacidad de Coatlicue permitirá desarrollar modelos climáticos, procesar grandes volúmenes de datos y apoyar proyectos de inteligencia artificial y servicios públicos. El Gobierno de México ha señalado que la infraestructura se construirá con una inversión de 6 mil millones de pesos y que tendrá una capacidad de 314 petaflops.
No obstante, la potencia de cálculo solo será útil si está acompañada por un sistema energético y térmico confiable. Resolver desde la etapa de diseño el destino del calor, el consumo de agua y la interacción con el subsuelo será indispensable para que la supercomputadora opere de forma continua y sostenible.
La experiencia de otros centros de supercómputo muestra que la refrigeración no es un componente secundario, sino una parte central de la infraestructura. Para Coatlicue, invertir tiempo en estudios y pruebas antes de su puesta en operación podría evitar fallas, gastos mayores y afectaciones en el futuro.

